Vivir una nueva normalidad o renovar la realidad que vivimos.
Por: Alonso Torres Rodríguez Bueno
Lic en Ciencias de la Educación y Terapueta sistémico transpersonal, Coach en educación transpersonal y Educador Mindfulnes
Palabras Clave: Nueva normalidad, pandemia, cambio, crisis, transformación, realidad renovada, consciencia, transpersonal, bien común, bienestar, salud mental, novedad, sustentabilidad, ecología, naturaleza.
7 de julio de 2020
La normalidad, nuestra zona de confort.
Sonaba el despertador, solíamos saltar de la cama o escurrirnos de ella por el suelo hasta llegar al baño, mirarnos al espejo y decirnos –venga un día más, ya casi es viernes.
La ducha, cubrir con la ropa y el maquillaje, el hastío en el que nos tiene el rigor al que nos hemos sometido para ser parte del engranaje del sistema productivo. Un café y pan para tener la energía suficiente para salir a la calle a enfrentarnos con la intrincada coreografía que implica subir al vagón del metro, conducir o simplemente caminar a nuestro trabajo.
Luces brillantes que parpadean, sonidos de gente que teclea en las computadoras, impresoras a todo lo que da, elaborando documentos que hoy se pidieron urgentes porque tenían que ser entregados ayer, estrés, sensación de nunca terminar, líneas de producción que llenan el mercado de objetos que no se necesitan pero que se terminarán comprando.
Es viernes y el cuerpo lo sabe, lo hemos condicionado a responder a los estímulos de las luces multicolores de los bares y los ensordecedores decibeles de la música, nos atascamos con litros de alcohol, toneladas de comida, horas de desvelo; anestesiando los dolores de la semana, de los meses, de los años.
Celebramos el inicio del 2020 entre deseos de cambio, de una vida saludable, de una mejor humanidad, pero ninguno de nosotros teníamos en mente cómo es que la vida iba a darle forma a esas peticiones.
Un hecho insólito que paró al mundo.
El mundo paró, los grandes corporativos, las importaciones y exportaciones, los resorts quedaron vacíos, cada uno, ya sea por consciencia de autocuidado o por obligación de los gobiernos, vemos desde la ventana como pasan los días de esta cuarentena que ya va por la tercera vuelta.
El sistema global, el imperio construido por el hombre que domina la naturaleza, parafraseando a García Márquez es la “Crónica de un colapso anunciado”, nuestro estilo de vida se ha vuelto insostenible, no hay naturaleza, no hay mundo, no hay sitio donde la voracidad del sistema pueda ser saciada.
En esta situación solo se ha hecho visible aquello que ya era evidente pero que no queríamos ver, la cantidad de enfermedades silenciosas que nos matan poco a poco, diabetes, hipertensión, obesidad, sistemas inmunológicos deprimidos, vidas que la ciencia médica ha normalizado por medio de la farmacología.
Sistemas económicos decadentes, que dependen de la sobreexplotación de recursos naturales no renovables y que no dan tiempo a que aquellos que si pueden renovarse lo hagan. Sistemas políticos corrompidos hasta los huesos donde vale mas quedar bien y salvar la buena imagen que actuar coherentemente.
Sistemas laborales a los que alquilamos nuestra vida y que nos desvinculan de la acción dignificante del trabajo, desconocemos el valor que representa lo que hacemos para la sociedad en la que vivimos, porque nos limitamos a recibir nuestra paga quincenal para reinvertirla en el mismo sistema.
Ha quedado expuesta la dualidad de la mente humana, el nosotros contra ellos, los que opinan que es una conspiración de los órdenes mundiales contra los que dicen que es una constante de la naturaleza cada 100 años, los que tienen miedo de las vacunas, a los que les han robado el líquido de las rodillas y su identidad a través del oxímetro, contra los que ven en la vacuna la única salida, los que buscan fortalecer su sistema inmunológico con tés y alimentos, contra los que solo confían en un coctel de medicamentos, los que se quedan en casa, contra los que, por el motivo que sea, han tenido que seguir saliendo y claro está que el “nosotros” tiene la razón sobre el “ellos”.
Vivir la nueva normalidad.
El numero de contagios ha ido disminuyendo y los gobiernos han decidido reabrir el comercio local y nos invitan a vivir la “nueva normalidad” que no es más que un intento de regresar a la zona de confort conocida previa a la pandemia, pero con cubrebocas, estaciones de desinfección, sana distancia y aforo reducido de los espacios públicos.
En lo personal, escuchar el término “nuevo” seguido de la palabra “normalidad” hace que los cables neuronales se me crucen, después de más de un mes de estar viviendo diferente, no tengo ganas de una normalidad, aunque sea nueva.
Meses en los que he podido sentir que son los campesinos y agricultores quienes realmente sostienen la vida y no las grandes compañías, también he podido atestiguar cómo la gente ha tenido que ser creativa para sustentar su vida y se han visto ante la necesidad de emprender aquello que no se habían atrevido y que es una forma más genuina de ofrecer sus talentos al mundo.
Meses en los que las redes sociales y la tecnología han tomado tintes diferentes y si bien siguen las noticias alarmistas sin fechas ni autores, que circulan una y otra vez y los memes que nos roban una sonrisa, también se han desbordado en muestras de afecto que las reconectan son su función original; establecer relaciones y fortalecer los vínculos.
Esta pausa, que por momentos parece eterna, ha servido para sopesar las cosas y revalorar lo que es realmente importante; la salud, la familia, el contacto humano, la sonrisa, los abrazos, el contacto, la amistad, el amor, la naturaleza; y también ha sido un tiempo para observar adicciones, dificultades para gestionar las emociones, vacíos infértiles que nos aterran y desde ahí, reflexionar sobre el cambio posible.
La visión de una realidad renovada.
Está en cada uno de nosotros el decidir si el cambio es el regreso a las estructuras antiguas, pero con caretas de plástico, o queremos avanzar a una “realidad renovada”, en la que seamos conscientes que el mundo no va a cambiar, a menos que cada uno transformemos nuestra mirada y renovemos nuestra forma de ser y estar en el mundo.
No quiero una “nueva normalidad” que me invite a hacer más de lo mismo, sino una “realidad renovada” en la que no se me olviden los dolores, angustias, miedos, ansiedades, tristezas, lo mucho que he extrañado a quienes amo, desencuentros provocados por la estrecha convivencia que de momento causan un trago amargo, pero que me muestran la dirección que apunta hacia los anhelos de mi alma.
Te invito a construir esta “realidad renovada” en la que el nuestro tenga más peso que el mío, en la que la naturaleza sea vista como sostén y no como mina, en la que no haya un nosotros contra ellos, sino un los unos y también los otros, en la que las creencias no sean motivo de guerra sino de compartir y ampliar la mirada, en la que la razón unida al corazón nos permita tomar acciones que construyan caminos de acuerdo, de paz, de encuentro.
Construyamos una nueva visión de la realidad cuya única ideología sea el bien común, en donde la lucha por la inclusión y el respeto a los derechos humanos sea innecesaria, porque nos vivimos desde la unidad, entendiendo que aquel daño que causo al otro, es como un bumerang que tarde o temprano regresará a mi, comprendiendo que la plenitud de la vida solo puede ser alcanzada cuando actuamos por el bien mayor que está muy por encima de mi bienestar particular.
El pasado debe ser usado como trampolín y no como sofá, no nos quedemos instalados en la comodidad del regreso, aprovechemos el impulso para reinventarnos.
Y tú ¿qué camino quieres tomar?